Peritonitis: inflamación generalizada del abdomen — lo que necesita saber para entender, reconocer y actuar

Peritonitis: inflamación generalizada del abdomen — lo que necesita saber para entender, reconocer y actuar

Содержание
  1. ¿Qué es la peritonitis?
  2. Causas comunes
  3. Síntomas y signos clínicos
  4. Diagnóstico: de la sospecha a la confirmación
  5. Tratamiento: urgencia, antibióticos y control de la fuente
  6. Peritonitis bacteriana espontánea (PBE) en cirrosis: un capítulo aparte
  7. Complicaciones a corto y largo plazo
  8. Prevención y buenas prácticas
  9. Casos clínicos breves para entender mejor
  10. Consejos para pacientes y familiares
  11. Investigación y futuro
  12. Pronóstico
  13. Resumen práctico: pasos que suele seguir el equipo sanitario

La palabra peritonitis suena grave, y con razón: estamos hablando de una inflamación que compromete la membrana que recubre el interior del abdomen y envuelve los órganos digestivos, una condición que puede evolucionar con rapidez y poner en riesgo la vida si no se diagnostica y trata con prontitud. En este artículo recorreremos paso a paso qué es la peritonitis, por qué aparece, cómo se manifiesta, qué pruebas ayudan a detectarla, cuáles son las opciones de tratamiento y qué se puede esperar durante la recuperación. Voy a acompañarle con explicaciones claras, ejemplos clínicos sencillos y tablas que facilitan la comprensión; mi intención es que, al terminar de leer, tenga una visión completa, práctica y tranquilizadora sobre un tema que suele generar inquietud. No pretende sustituir una consulta médica: si sospecha peritonitis, acuda de inmediato a urgencias; aquí encontrará la información que le ayudará a entender lo que el equipo sanitario le explique.

¿Qué es la peritonitis?

La peritonitis es la inflamación del peritoneo, la fina membrana que recubre la cavidad abdominal y los órganos que hay dentro: intestinos, hígado, estómago, páncreas y otros. Esta membrana no solo sirve como protección física, sino que tiene funciones inmunológicas y lubricantes que facilitan el movimiento de los órganos entre sí. Cuando el peritoneo se inflama, la respuesta local y sistémica puede ser intensa: dolor, alteración de la función intestinal, producción de líquido en la cavidad y, en muchos casos, una infección que se disemina y provoca sepsis.

La peritonitis puede ser localizada al principio y luego generalizarse, o bien aparecer ya como una inflamación generalizada desde el comienzo. En términos clínicos es importante distinguir entre peritonitis primaria o espontánea, secundaria y, en ocasiones, terciaria. Esa clasificación no es solo académica: orienta el manejo, la necesidad de cirugía y la elección de antibióticos.

Tipos principales de peritonitis

La peritonitis primaria o espontánea ocurre sin una brecha evidente en el tracto digestivo; es típica en pacientes con cirrosis y ascitis. La peritonitis secundaria es la más frecuente y resulta de una perforación o lesión en el tubo digestivo (apendicitis perforada, diverticulitis, úlcera péptica perforada, traumatismos, isquemia intestinal, etc.), derrame biliar infectado, pancreatitis que evoluciona a infección, o complicaciones postoperatorias. La peritonitis terciaria se refiere a infecciones persistentes o recurrentes del peritoneo que persisten a pesar del tratamiento inicial, a menudo en pacientes muy enfermos o inmunodeprimidos.

Causas comunes

La lista de eventuales desencadenantes es larga y, a veces, sorprendente. Algunas de las causas más habituales son las siguientes, y entenderlas ayuda a pensar en prevención y en la urgencia del tratamiento.

  • Perforación de víscera hueca: apendicitis, diverticulitis, úlcera péptica perforada, traumatismos penetrantes o contusos.
  • Isquemia intestinal o necrosis intestinal que permite la salida de bacterias desde la luz intestinal.
  • Peritonitis en pacientes con cirrosis y ascitis (peritonitis bacteriana espontánea).
  • Complicaciones de procedimientos: cirugía abdominal, colocación de catéteres o diálisis peritoneal.
  • Enfermedades inflamatorias pélvicas o complicaciones ginecológicas con diseminación al peritoneo.
  • Pancreatitis aguda con reacción química y, secundariamente, infección del líquido peritoneal.

¿Cómo actúa la infección o la irritación?

Cuando el peritoneo se expone a bacterias, bilis, contenido intestinal o enzimas pancreáticas, se activa una respuesta inflamatoria muy intensa. Los capilares se hacen permeables, llega más líquido a la cavidad y se produce liberación de mediadores inflamatorios que sensibilizan las terminaciones nerviosas: por eso el dolor es tan característico. Si la fuente no se controla —por ejemplo una perforación intestinal— las bacterias y toxinas se difunden y pueden provocar falla orgánica múltiple.

Síntomas y signos clínicos

Reconocer la peritonitis a tiempo depende de observar una combinación de síntomas locales y signos generales. El cuadro puede desarrollarse en horas o sobre días, y varía según la causa y la edad del paciente. En términos generales, los síntomas y signos más importantes son:

  • Dolor abdominal intenso, que puede empezar localizado y volverse generalizado.
  • Defensa o contractura de la pared abdominal al tacto, signo de irritación peritoneal.
  • Fiebre, escalofríos y sudoración, que sugieren infección.
  • Náuseas, vómitos y distensión abdominal por íleo.
  • Taquicardia, hipotensión y confusión en casos avanzados o con sepsis.
  • Ausencia o disminución marcada de ruidos intestinales en peritonitis generalizada.
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Signos peritoneales clásicos

Al explorar al paciente, el médico buscará elementos que caracterizan la irritación peritoneal: defensa abdominal (tensión involuntaria de la musculatura), dolor a la descompresión (rebote) y rigidez. En la práctica, la presencia de estos signos con dolor intenso y fiebre obliga a investigar con urgencia.

Síntoma/Signo Qué sugiere Importancia práctica
Dolor abdominal generalizado Irritación peritoneal extensa Alerta para ingreso inmediato y pruebas
Rigidez abdominal Sustitución de la pared por contractura refleja Sospecha de peritonitis establecida
Fiebre y taquicardia Respuesta sistémica, posible bacteriemia Indica necesidad de cultivo y antibioterapia
Distensión y ausencia de ruidos Ileo por inflamación o cuadros obstructivos Considerar complicaciones y drenaje

Diagnóstico: de la sospecha a la confirmación

Peritonitis: inflamación generalizada del abdomen.. Diagnóstico: de la sospecha a la confirmación
Cuando se sospecha peritonitis, el objetivo del equipo médico es confirmar la presencia de inflamación, identificar la causa y recuperar control de la infección lo antes posible. Esto implica un enfoque coordinado: historia clínica, examen físico, análisis de sangre, imágenes y, en muchos casos, diagnóstico directo mediante paracentesis o procedimientos endoscópicos/quirúrgicos.

Es típico realizar las siguientes pruebas iniciales: hemograma completo (leucocitosis con desviación a la izquierda), bioquímica (función renal, electrolitos), marcadores de inflamación (PCR, procalcitonina), hemocultivos y pruebas de coagulación. Las imágenes fundamentales son la radiografía de tórax en bipedestación (para buscar aire libre subdiafragmático que sugiera perforación) y la tomografía computarizada abdominal con contraste, que ofrece un gran rendimiento para identificar abscesos, perforaciones, sangrado o colecciones.

El papel de la paracentesis y el análisis del líquido peritoneal

En pacientes con ascitis o con sospecha de peritonitis, realizar una paracentesis diagnóstica y analizar el líquido es a menudo decisivo. El recuento de neutrófilos polimorfonucleares es una guía clave: un recuento de PMN > 250 células/mm3 en el líquido ascítico sugiere infección y obliga a tratamiento empírico inmediato. Además se hacen cultivo del líquido, tinción de Gram, glucosa, LDH, amilasa y recuento celular total.

Prueba Qué busca Relevancia
Hemocultivos Bacteriemia asociada Guía para cambiar antibióticos según sensibilidad
Tomografía abdominal Perforación, abscesos, colección localizada Determina necesidad de cirugía o drenaje percutáneo
Paracentesis Recuento de PMN, cultivo del líquido Diagnóstico definitivo en peritonitis con ascitis
Análisis de sangre (PCR, leucocitos) Inflamación sistémica Evalúa gravedad y respuesta al tratamiento

Tratamiento: urgencia, antibióticos y control de la fuente

El manejo de la peritonitis es una combinación de soporte vital, antibióticos de amplio espectro y control de la fuente causal. El tiempo es clave: cuanto más demore la estabilización y la erradicación del foco —una perforación intestinal, un absceso o una fuga anastomótica— peor el pronóstico.

Lo primero es la reanimación inicial: evaluar las vías aéreas, la respiración y la circulación (proveer oxígeno si es necesario, establecer acceso venoso, administrar líquidos intravenosos cuando hay hipotensión y monitorizar signos vitales). El control del dolor y la corrección de alteraciones metabólicas forman parte del tratamiento inmediato.

Antibióticos empíricos

Dado que la peritonitis suele ser polimicrobiana y con predominio de bacilos gramnegativos intestinales y anaerobios, el tratamiento empírico inicial debe cubrir ambos. Las opciones comunes incluyen combinaciones de betalactámicos con inhibidor de betalactamasa (piperacilina-tazobactam), cefalosporinas de tercera generación más metronidazol, o carbapenemes en escenarios de mayor gravedad o sospecha de bacterias multirresistentes. En ciertos casos se añade cobertura para enterococos. La elección concreta depende de factores locales (resistencia bacteriana), antecedentes del paciente (hospitalizaciones previas, uso de antibióticos) y origen clínico.

Es importante iniciar el tratamiento antibiótico tan pronto como sea posible cuando hay sospecha razonable de peritonitis, sin esperar a resultados de cultivos, y luego ajustarlo según los hallazgos microbiológicos.

Control de la fuente: cuándo se necesita cirugía

Si la peritonitis es secundaria a una perforación o a una lesión que requiere reparación, la cirugía es esencial. Los procedimientos pueden variar desde una laparoscopia diagnóstica y lavado peritoneal hasta una laparotomía mayor con reparación de perforaciones, resección intestinal o drenaje de abscesos. En algunos casos un drenaje percutáneo guiado por imagen es adecuado para colecciones localizadas; en otros, el único tratamiento definitivo es la intervención quirúrgica.

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La coordinación entre el equipo de emergencias, los cirujanos y la unidad de cuidados intensivos es fundamental para optimizar el resultado.

Cuidados intensivos y complicaciones sistémicas

En pacientes con sepsis o fallo orgánico es frecuente la necesidad de ingreso en UCI para monitorización avanzada, soporte ventilatorio, uso de vasopresores y manejo de la función renal. El manejo nutricional, la prevención de trombosis y las medidas de soporte a largo plazo también forman parte integral del tratamiento.

Peritonitis bacteriana espontánea (PBE) en cirrosis: un capítulo aparte

En pacientes con cirrosis y ascitis se puede desarrollar una peritonitis sin perforación: la peritonitis bacteriana espontánea (PBE) es una complicación grave y relativamente frecuente en aquellos con ascitis significativa. Su presentación puede ser sutil: dolor abdominal moderado, fiebre y empeoramiento del estado general; en ocasiones el paciente tiene confusión o ascenso de la creatinina sin dolor marcado.

El diagnóstico se confirma por paracentesis con PMN > 250 células/mm3 en el líquido ascítico y, si es posible, cultivo positivo. El tratamiento de elección suele ser una cefalosporina de tercera generación (por ejemplo, cefotaxima o ceftriaxona) en forma intravenosa, con ajuste según cultivos. Además, el uso de albúmina intravenosa ha demostrado reducir el riesgo de insuficiencia renal y mortalidad cuando se administra en las primeras 6 horas tras el inicio del tratamiento, con protocolos típicos que contemplan 1,5 g/kg al diagnóstico y 1 g/kg al tercer día en pacientes de riesgo (consulte siempre al equipo médico para pautas precisas).

La profilaxis en pacientes con alto riesgo de PBE (ascitis con bajo contenido proteico, antecedentes de PBE o sangrado digestivo en cirrosis) puede incluir antibióticos orales a largo plazo bajo indicación médica, con el objetivo de prevenir recurrencias.

Complicaciones a corto y largo plazo

La peritonitis mal controlada puede llevar a complicaciones severas: sepsis y shock séptico, insuficiencia renal, síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA), formación de abscesos intraabdominales, fístulas entéricas, adherencias que provoquen obstrucción intestinal crónica y, en mujeres, problemas de fertilidad por afectación pélvica. A largo plazo, los pacientes pueden presentar dolor crónico abdominal, mala absorción y malnutrición.

Detectar y tratar precozmente reduce la incidencia de estas complicaciones, pero algunas secuelas pueden persistir y requerir rehabilitación, cirugía adicional o seguimiento multidisciplinario.

Prevención y buenas prácticas


Prevenir la peritonitis implica medidas generales de salud y protocolos concretos en pacientes de riesgo. Algunas recomendaciones prácticas son:

  • Tratar a tiempo enfermedades abdominales agudas: apendicitis, diverticulitis y úlceras deben valorarse y gestionarse con prontitud.
  • En pacientes con cirrosis y ascitis, realizar paracentesis diagnósticas frente a cualquier deterioro clínico y considerar profilaxis antibiótica cuando esté indicada por el hepatólogo.
  • En diálisis peritoneal, mantener una técnica estéril estricta y vigilancia temprana de signos de infección del catéter.
  • Uso responsable de antibióticos para evitar resistencia bacteriana; ajustar el tratamiento según cultivos y epidemiología local.
  • Manejo adecuado de heridas y procedimientos quirúrgicos para minimizar fugas anastomóticas y contaminaciones.

La prevención también pasa por una comunicación fluida entre niveles de atención, educación del paciente y su familia sobre signos de alarma y seguimiento sistemático después de intervenciones abdominales.

Casos clínicos breves para entender mejor

Peritonitis: inflamación generalizada del abdomen.. Casos clínicos breves para entender mejor
Historia 1: Un hombre de 62 años con dolor abdominal progresivo, fiebre y distensión. En la exploración presenta rigidez abdominal. La radiografía muestra aire libre bajo el diafragma; la tomografía confirma perforación de divertículo sigmoideo. Se realiza laparotomía, resección y lavado peritoneal; el paciente recibe antibióticos de amplio espectro y mejora tras varios días en UCI. Este caso ilustra la peritonitis secundaria por perforación intestinal y la necesidad de control quirúrgico de la fuente.

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Historia 2: Mujer de 55 años con cirrosis por hepatitis C, con ascitis. Consulta por leve dolor abdominal y confusión. La paracentesis muestra PMN 600 células/mm3, cultivo posterior negativo. Se inicia cefotaxima y albúmina, con rápida mejoría. Es un ejemplo de peritonitis bacteriana espontánea donde el diagnóstico mediante paracentesis y el uso precoz de antibióticos y albúmina son esenciales.

Estos casos resumen la variabilidad de presentación y la importancia de adaptar el enfoque diagnóstico y terapéutico a la situación clínica.

Consejos para pacientes y familiares

Si usted o un familiar presentan dolor abdominal severo, fiebre alta, vómitos persistentes, defensa abdominal o signos de shock (mareo, confusión, pulso rápido y débil), acuda de inmediato a urgencias. Explíquele al equipo médico todos los antecedentes relevantes: cirrosis, uso de diálisis peritoneal, cirugías recientes, uso reciente de antibióticos, viajes o traumatismos. En el hospital, espere que le realicen exploración, pruebas sanguíneas, imágenes y, cuando corresponda, paracentesis.

Durante la hospitalización puede necesitar líquidos intravenosos, antibióticos, control del dolor y, a veces, cirugía; es normal que el equipo de emergencias, cirugía, medicina interna e intensivistas trabajen en conjunto. Tras el alta, siga las indicaciones respecto a reposo, dieta, antisépticos para heridas, control de medicamentos y citas de seguimiento para prevenir recurrencias.

Investigación y futuro

En los últimos años la investigación se ha centrado en mejorar la rapidez diagnóstica (técnicas de cultivo más rápidas, PCR y secuenciación para identificar microorganismos), optimizar estrategias de antibióticos y buscar alternativas a la cirugía en determinados abscesos mediante drenajes guiados por imagen. También hay interés en comprender mejor la microbiota peritoneal y la respuesta inmune local para desarrollar terapias más específicas. La amenaza de la resistencia bacteriana impulsa estudios para identificar regímenes de tratamiento efectivos y con la menor presión selectiva posible.

Pronóstico

El pronóstico de la peritonitis depende principalmente de tres factores: la rapidez del diagnóstico y del inicio del tratamiento, la etiología y la condición del paciente (edad, comorbilidades, estado inmunológico). La peritonitis tratada de forma rápida y con control de la fuente tiene un pronóstico mucho mejor que aquella en la que el diagnóstico se demora o la infección se disemina y produce fracaso orgánico. La peritonitis en pacientes con cirrosis o con comorbilidades importantes tiene peor pronóstico y mayor riesgo de complicaciones.

Resumen práctico: pasos que suele seguir el equipo sanitario

  • Valoración inicial y reanimación (ABC): oxígeno, acceso venoso, líquidos si hay hipotensión, monitorización.
  • Exámenes iniciales: hemograma, bioquímica, hemocultivos, pruebas de imagen y paracentesis según indicación.
  • Inicio inmediato de antibióticos empíricos de amplio espectro si hay sospecha alta de peritonitis; ajuste posterior según cultivos.
  • Determinación de necesidad de intervención quirúrgica o drenaje percutáneo para control de la fuente.
  • Soporte en UCI si hay sepsis, fallo orgánico o necesidad de monitorización avanzada.
  • Reevaluación clínica y microbiológica frecuente para modificar el tratamiento y planificar altas y seguimiento.

Conclusión

La peritonitis es una emergencia médica que puede surgir por causas muy diversas: desde una infección espontánea en un paciente con cirrosis hasta una perforación intestinal que requiere cirugía urgente; reconocer los signos de alarma, realizar una evaluación diagnóstica rápida (incluida la paracentesis cuando proceda), iniciar antibióticos empíricos adecuados y asegurar el control de la fuente son las claves que determinan el desenlace; la colaboración entre equipos médicos, la atención precoz y las decisiones bien informadas salvan vidas y reducen secuelas, por eso ante cualquier dolor abdominal intenso o deterioro súbito, acudir a urgencias es la mejor prevención.

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