Las adherencias son como huellas invisibles que deja la historia quirúrgica en nuestro abdomen; al principio pasan desapercibidas, pero con el tiempo pueden convertirse en una fuente de problemas persistentes, dolorosos y a veces graves. Si alguna vez te han operado del abdomen —una apendicectomía, una cesárea, una operación de colon o una cirugía ginecológica— es importante entender que tu cuerpo puede haber creado puentes de tejido cicatricial que unen vísceras entre sí o a la pared abdominal. En este artículo conversaremos de forma cercana y clara sobre qué son las adherencias, por qué importan, cómo se detectan, qué se puede hacer para prevenirlas y cómo se tratan cuando causan síntomas. Nota: no se proporcionó una lista de palabras clave específica, por lo que he integrado términos relevantes de forma natural para cubrir el tema con amplitud y utilidad, de manera que resulte útil tanto para pacientes como para profesionales que desean una lectura amena y completa sobre las adherencias tras cirugía abdominal.
¿Qué son las adherencias y cómo se forman?

Las adherencias son bandas de tejido fibroso que se desarrollan entre superficies que normalmente están separadas. Imagina dos hojas de papel pegadas por una gota de pegamento: con el tiempo se unen y ya no pueden moverse de forma independiente. En el abdomen, esa “pegajosidad” puede unir asas intestinales entre sí, el intestino a la pared abdominal, o vísceras ginecológicas como ovarios y trompas a estructuras vecinas. El proceso comienza casi siempre como una respuesta del cuerpo a una agresión: una lesión, inflamación, infección o incluso la manipulación quirúrgica del peritoneo (la fina membrana que recubre el interior del abdomen) desencadena una cascada de eventos celulares y químicos diseñada para curar, pero que en ocasiones deja atrás un exceso de tejido cicatricial que se organiza en forma de adherencias. Al ser una respuesta natural del organismo, casi todas las cirugías abdominales producen algún grado de adhesión; la cuestión es cuánto y si ese tejido cicatricial llega a causar problemas clínicos.
Formación: tras la lesión del peritoneo aparece exudado de fibrina que tiende a formar puentes entre superficies. Normalmente la fibrina se resuelve mediante procesos fibrinolíticos locales y la mesotelización restablece la separación entre órganos, pero si la fibrinolisis es insuficiente o hay persistencia de inflamación, ese tejido fibrinoso se organiza y se transforma en una adherencia estable, con colágeno y vasos sanguíneos. Factores como la isquemia, la infección, la hemorragia, la presencia de cuerpos extraños y la técnica quirúrgica influyen decisivamente en esa balanza entre reparación ordenada y formación de adherencias. Es por eso que la biología del peritoneo y las condiciones intraoperatorias son cruciales: pequeñas decisiones técnicas pueden tener consecuencias a largo plazo.
Por qué importan las adherencias: consecuencias a corto y largo plazo
Aunque algunas adherencias son asintomáticas y se descubren de forma incidental en cirugías posteriores, otras causan complicaciones relevantes que afectan calidad de vida, salud reproductiva y costos sanitarios. Entre las consecuencias más importantes están la obstrucción intestinal, el dolor abdominal crónico y la infertilidad en mujeres. La obstrucción intestinal causada por adherencias puede requerir hospitalización urgente y a veces cirugía, con riesgos de estrangulación intestinal y necesidad de resección. El dolor crónico relacionado con adherencias suele ser difuso o localizado, y puede limitar actividades, trabajo y relaciones personales; a veces es difícil de diagnosticar porque las pruebas de imagen no siempre correlacionan con los síntomas. En mujeres, las adherencias pélvicas pueden distorsionar la anatomía de las trompas y ovarios, dificultando la captación del óvulo o la movilidad tubárica y contribuyendo a la infertilidad.
A menudo subestimamos el impacto económico y emocional de las adherencias. Pacientes con episodios recurrentes de dolor, hospitalizaciones por obstrucción o varios procedimientos quirúrgicos para intentar resolver un problema adhesivo experimentan una carga importante: miedo a nuevas cirugías, dependencia de analgésicos, ausentismo laboral y, en el caso de parejas que buscan fertilidad, frustración y tratamientos de reproducción asistida. Del lado sanitario, las adherencias cuentan entre las principales causas de reintervención abdominal y consumen recursos por consultas, pruebas de imagen, tratamientos y hospitalizaciones. El carácter crónico y la posibilidad de recurrencia tras una cirugía hacen que el manejo de las adherencias sea un desafío continuo tanto para pacientes como para médicos.
Impacto clínico específico: obstrucción intestinal, dolor crónico e infertilidad
La obstrucción intestinal por adherencias es quizá la complicación más dramática en el corto plazo: un asa intestinal queda atrapada por una banda adhesiva y se produce bloqueo del tránsito, distensión abdominal, vómitos y dolor intenso. Si no se resuelve a tiempo puede producirse isquemia y necrosis intestinal, obligando a una resección. En muchos estudios, las adherencias representan una de las principales causas de obstrucción intestinal en pacientes sin hernia visible u otras causas claras.
El dolor crónico por adherencias es un área compleja y a veces controvertida. No todas las adherencias duelen, y la correlación entre la anatomía adhesiva vista en cirugía y la intensidad del dolor es imperfecta. Sin embargo, hay pacientes con dolor abdominal localizado relacionado con tensión de una adherencia o con movilidad intestinal restringida. Este dolor puede ser intermitente o persistente y con frecuencia mejora o empeora con el movimiento y la actividad.
En ginecología, las adherencias pélvicas producen infertilidad al impedir la trayectoria normal del óvulo o distorsionar la cavidad pélvica. También pueden causar dispareunia (dolor en las relaciones sexuales) y dolor menstrual más intenso. Para muchas parejas, las adherencias representan un obstáculo silencioso y frustrante para la concepción natural.
Factores de riesgo: quién tiene más probabilidades de desarrollarlas
No todos los pacientes corren la misma probabilidad de desarrollar adherencias sintomáticas. Existen factores inherentes al paciente, al tipo de patología y a la técnica quirúrgica que influyen en el riesgo. Entre los factores relacionados con el paciente se encuentran la edad, comorbilidades que afectan la cicatrización, tabaquismo, obesidad y condiciones asociadas a inflamación crónica o infección. En cuanto al tipo de cirugía, procedimientos que exponen grandes superficies del peritoneo, cirugías de urgencia, intervenciones por peritonitis o infección y operaciones con sangrado importante suelen asociarse a mayor formación de adherencias.
La técnica quirúrgica es clave: la manipulación intensiva del intestino, el uso de instrumental que reseca tejido o genera fricción, y la presencia de cuerpos extraños (por ejemplo, hemostáticos o suturas excesivas) incrementan la respuesta fibrótica. La duración de la cirugía y la presencia de contaminación o isquemia también son factores que favorecen la formación de adherencias. En general, cirugías abiertas tradicionales tienden a producir más adherencias que los abordajes mínimamente invasivos, aunque la laparoscopia no las elimina por completo.
- Factores del paciente: edad avanzada, obesidad, tabaquismo, enfermedades crónicas.
- Factores intraoperatorios: sangrado, contaminación, manejo agresivo del peritoneo, uso de cuerpos extraños.
- Tipo de cirugía: urgencias, resecciones intestinales, cirugías ginecológicas y procedimientos repetidos aumentan el riesgo.
Diagnóstico: cómo se detectan las adherencias
Diagnosticar adherencias puede ser un reto porque muchas pruebas de imagen no muestran las bandas con claridad. El diagnóstico suele ser clínico, basado en la historia de cirugía previa y la presentación de síntomas compatibles, como episodios de obstrucción intestinal o dolor abdominal crónico que no se explican por otras causas. Las técnicas de imagen como la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM) pueden sugerir adherencias indirectamente cuando hay torsión o estrangulamiento intestinal, dilatación de asas y signos de obstrucción, pero raramente visualizan las adherencias finas. La ecografía puede ayudar en manos expertas, especialmente para ver asas dilatadas y líquido libre.
En ocasiones, la laparoscopia diagnóstica es necesaria para confirmar la presencia de adherencias y evaluar su extensión. La ventaja de la laparoscopia es que permite observar el abdomen directamente y, si procede, tratar las adherencias en la misma intervención. Sin embargo, la cirugía diagnóstica conlleva sus propios riesgos y puede incluso generar nuevas adherencias. Por eso la decisión de operar debe sopesarse cuidadosamente, especialmente en pacientes con dolor crónico donde la causa adhesiva no esté clara.
Pruebas y técnicas de imagen
Las pruebas más utilizadas incluyen la radiografía simple de abdomen en decúbito y pie (útil en obstrucción), la TC abdominopélvica con contraste (muy útil para evaluar causa y complicaciones como estrangulación), y la RM que puede ser valiosa en casos ginecológicos o cuando se necesita evitar radiación. En medicina reproductiva, histerosalpingografía y sonohisterografía pueden ayudar a evaluar la permeabilidad tubárica y la distorsión anatómica por adherencias pélvicas. Sin embargo, el patrón diagnóstico más fiable sigue siendo la correlación entre historia clínica, exploración física y, cuando sea indispensable, la visualización directa por laparoscopia.
Prevención: intervenciones intraoperatorias y materiales antiadherentes
La prevención es la estrategia clave para reducir la carga a largo plazo de las adherencias. Ya que casi toda cirugía abdominal provoca algún grado de respuesta fibrótica, el objetivo es minimizar la agresión peritoneal y favorecer la resolución fibrinolítica normal. Entre las medidas prácticas que los equipos quirúrgicos pueden adoptar están la cirugía mínimamente invasiva cuando sea factible, técnica meticulosa con mínima manipulación del intestino, control eficiente del sangrado y limpieza del campo quirúrgico, uso prudente de material hemostático y suturas, y evitar la contaminación.
Además de la técnica, existen productos diseñados para reducir la formación de adherencias: barreras físicas (láminas o geles reabsorbibles) que separan superficies durante la fase inicial de cicatrización, y agentes farmacológicos con efecto fibrinolítico o antiinflamatorio. La evidencia clínica sobre la eficacia de estas barreras es variable; algunos estudios muestran reducción en la formación de nuevas adherencias o en la severidad, mientras que otros no muestran impacto clínico claro en resultados relevantes como obstrucción o necesidad de reoperación. Aun así, en situaciones de alto riesgo la utilización de barreras puede ser una herramienta adicional útil.
| Intervención | Mecanismo | Evidencia clínica |
|---|---|---|
| Cirugía mínimamente invasiva (laparoscopia) | Menor manipulación, menor exposición del peritoneo y de tejidos a aire y cuerpos extraños | Reduce la formación de adherencias en comparación con cirugía abierta en muchos estudios; no las elimina |
| Barreras físicas (láminas y geles reabsorbibles) | Separa superficies durante la fase crítica de cicatrización | Efecto variable; puede disminuir adherencias locales; utilidad clínica depende del contexto |
| Control meticuloso del sangrado y hemostasia | Reduce la formación de coágulos fibrinosos que favorecen la adhesión | Recomendado como práctica estándar; evidencia fisiológica sólida |
| Lavado peritoneal con solución salina | Elimina residuos, sangre y detritos que favorecen adhesiones | Puede ayudar; evidencia mixta sobre magnitud del beneficio |
| Agentes fibrinolíticos y antiinflamatorios experimentales | Promueven la degradación de fibrina y reducen la reacción inflamatoria | En investigación; uso clínico limitado por riesgos y eficacia variable |
Estrategias concretas durante la cirugía
En la práctica diaria, muchas de las medidas de prevención son sencillas y dependen de la buena técnica: mantener hidratación adecuada del peritoneo, evitar desecación con exposición prolongada al aire, manipular con delicadeza las asas intestinales y minimizar el uso de instrumentos que produzcan fricción, garantizar hemostasia comprensiva para evitar hematomas y coágulos, y retirar cuerpos extraños o materiales no necesarios. Cuando sea posible, planificar abordajes menos invasivos y discutir con el paciente los factores que pueden reducir el riesgo de adherencias ayuda a tomar decisiones informadas.
Tratamiento: manejo conservador y quirúrgico
Cuando las adherencias causan síntomas, el manejo puede ser conservador o quirúrgico. En obstrucción intestinal parcial sin signos de estrangulación, el manejo conservador con reposo intestinal, líquidos intravenosos, corrección de desequilibrios y vigilancia puede resolver el episodio. Sin embargo, si hay signos de isquemia, perforación o falta de mejoría, suele indicarse cirugía. En dolor crónico y en problemas de infertilidad, el tratamiento quirúrgico mediante adhesiolisis (liberación de adherencias) puede ser considerado, pero no siempre ofrece alivio sostenido y existe riesgo de recurrencia.
La adhesiolisis puede realizarse por laparoscopia o por laparotomía. La laparoscopia tiene la ventaja de menor trauma y, en muchos casos, menor formación de nuevas adherencias y mejor recuperación inmediata; sin embargo, dependiendo de la complejidad y la extensión de las adherencias, a veces es necesaria la conversión a cirugía abierta. La decisión de operar debe sopesar beneficio potencial frente al riesgo de causar nuevos adhesivos y complicaciones intraoperatorias. En algunos pacientes con dolor crónico, la cirugía puede mejorar los síntomas; en otros no se logra alivio y se genera mayor sufrimiento.
- Manejo conservador: indicado en obstrucción parcial sin signos de alarma; incluye ayuno, reposición hidroelectrolítica y observación.
- Adhesiolisis quirúrgica: indicada cuando hay obstrucción completa, isquemia, perforación o dolor refractario; valorar vía laparoscópica si es posible.
- Consideraciones en ginecología: la liberación de adherencias pélvicas puede mejorar la fertilidad en ciertos casos, pero la recurrencia es común.
Riesgos y tasa de recurrencia
Toda intervención que manipula el peritoneo conlleva el riesgo de producir nuevas adherencias. Por ello, pacientes y cirujanos deben entender que la adhesiolisis no es una cura definitiva en muchos casos y que puede existir recurrencia. La tasa de reintervención por adherencias varía según la población y el tipo de cirugía previa, pero se sabe que un porcentaje considerable de pacientes sometidos a múltiples cirugías abdominales manifiesta problemas adhesivos a lo largo de su vida. Las decisiones sobre operar deben estar guiadas por expectativas realistas y discusión franca de riesgos y beneficios.
Nuevas investigaciones y el futuro en la prevención y tratamiento
La investigación sobre adherencias sigue activa en varios frentes: mejores barreras físicas, agentes farmacológicos que modulen la respuesta fibrinolitica y la inflamación, técnicas quirúrgicas menos traumáticas y dispositivos innovadores que reducen la fricción o la contaminación peritoneal. Ensayos clínicos recientes han explorado geles reabsorbibles con mejoras en la aplicación y en la persistencia de la barrera, así como combinaciones de barrera más agentes bioactivos para promover una resolución más ordenada de la fibrina sin bloquear la cicatrización necesaria.
Por otro lado, la biología molecular y la medicina regenerativa aportan nuevas perspectivas: comprender mejor los mediadores inflamatorios y las vías que regulan la fibrinólisis podría permitir terapias dirigidas que reduzcan la aparición de adherencias sin comprometer la reparación tisular. La medicina personalizada, basada en factores genéticos o biomarcadores que predigan tendencia a formar adherencias, es un horizonte posible que permitiría adaptar estrategias preventivas a pacientes con mayor riesgo.
Investigaciones en curso
Los estudios actuales incluyen comparaciones entre distintos tipos de barreras, evaluaciones a largo plazo de resultados clínicos (no solo hallazgos anatómicos) y pruebas de nuevos fármacos con dianas específicas en la cascada de formación de adherencias. También se investiga cómo la microbiota peritoneal y sistémica puede influir en la respuesta inflamatoria y cicatricial; este campo es emergente y promete nuevas vías de intervención.
Consejos prácticos para pacientes y médicos
Si eres paciente que va a someterse a una cirugía abdominal o ya lo ha hecho, hay acciones prácticas y conversaciones clave que puedes tener con tu equipo médico para reducir riesgos y manejar expectativas. Pregunta sobre el enfoque quirúrgico (¿es viable la laparoscopia?), sobre las medidas que el equipo empleará para reducir la formación de adherencias, y sobre el uso de barreras antiadherentes en tu caso particular. Si tienes dolor crónico después de una cirugía, documenta cuándo comenzó, cómo se describe, qué factores lo empeoran o alivian y comparte esta historia clínica con tu médico: muchas veces una evaluación sistemática y la colaboración con especialistas (cirugía general, gastroenterología, ginecología, manejo del dolor) ayudan a encontrar soluciones más adecuadas.
Para los médicos, recordar que la prevención comienza antes de la incisión: optimizar el estado del paciente, corregir anemia o factores de riesgo, planificar técnica y material y ejecutar una cirugía con atención a la mínima manipulación posible son medidas esenciales. Registrar procedimientos anteriores y comunicarse entre equipos en situaciones de reoperación también ayuda a tomar decisiones más seguras.
- Para pacientes: infórmate sobre el riesgo de adherencias y habla con tu cirujano sobre medidas preventivas aplicables a tu caso.
- Para médicos: aplicar técnicas de mínima lesión peritoneal y seleccionar barreras o estrategias basadas en el riesgo y la evidencia disponible.
- En todos los casos: mantener expectativas realistas sobre los resultados de la adhesiolisis y priorizar la calidad de vida del paciente.
Historias reales: por qué la experiencia del paciente importa
Detrás de las estadísticas y las tablas hay personas que han convivido con adherencias durante años: mujeres que después de una cesárea sienten dolor pélvico que limita su vida diaria, pacientes que han sufrido episodios recurrentes de obstrucción y han pasado por múltiples ingresos hospitalarios, parejas que ven frustrados sus intentos de concebir por una adhesión tubárica. Escuchar estas experiencias ayuda a entender por qué la prevención y el manejo integral son tan relevantes. Las decisiones médicas ganan en calidad cuando se integran tanto el conocimiento técnico como las experiencias, miedos y objetivos de vida del paciente.
Los relatos también muestran que, en algunos casos, intervenciones preventivas simples y decisiones quirúrgicas prudentes marcan una gran diferencia en el curso a largo plazo. En otros, la incertidumbre y la falta de correlación entre hallazgos anatómicos y síntomas complican el camino. Por eso la comunicación clara y la participación del paciente en las decisiones son imprescindibles.
Preguntas frecuentes sobre adherencias

¿Cuánto tiempo tardan en formarse las adherencias? Las adherencias comienzan a formarse en los primeros días tras la cirugía, cuando la fibrina se deposita y la inflamación está activa. Pueden estabilizarse en semanas o meses, aunque su impacto clínico puede aparecer mucho tiempo después.
¿Se pueden prevenir por completo? No; la prevención reduce la probabilidad y la severidad, pero no elimina el riesgo por completo. La combinación de técnica adecuada, barreras físicas en casos seleccionados y medidas perioperatorias reduce la incidencia y el impacto clínico.
¿Es siempre necesaria la cirugía para tratarlas? No. En episodios de obstrucción parcial y en muchos casos de dolor crónico, el manejo conservador y multidisciplinario es preferible inicialmente. La cirugía se reserva para situaciones con indicación clara o cuando otras medidas han fracasado.
Reflexión final antes de la conclusión
Las adherencias son un ejemplo paradigmático de cómo una respuesta fisiológica protectora puede convertirse en un problema crónico. La buena noticia es que, con mayor conciencia, técnicas quirúrgicas más cuidadosas y productos preventivos mejor dirigidos, es posible reducir su impacto. La comunicación entre paciente y equipo de salud, la elección informada del abordaje quirúrgico y la consideración de estrategias preventivas individualizadas son pasos prácticos que ya hoy marcan la diferencia. A la vez, la investigación continúa ampliando nuestras opciones para el futuro, con la esperanza de lograr soluciones más efectivas y duraderas.
Conclusión
Las adherencias tras cirugía abdominal son una complicación frecuente y potencialmente limitante que nace de un proceso natural de reparación pero que puede traer consecuencias importantes como obstrucción intestinal, dolor crónico e infertilidad; su manejo combina prevención mediante técnicas quirúrgicas menos traumáticas y medidas intraoperatorias (incluyendo, en casos seleccionados, barreras antiadherentes), diagnóstico cuidadoso que a veces requiere laparoscopia y decisiones terapéuticas equilibradas entre manejo conservador y adhesiolisis, sabiendo que la cirugía también puede originar nuevas adherencias; por ello la mejor estrategia es prevenir cuando sea posible, individualizar las decisiones según el riesgo y las expectativas del paciente, fomentar la comunicación entre equipos y pacientes, y mantener una mirada optimista pero realista sobre las opciones emergentes en investigación que en el futuro prometen reducir aún más la carga de esta «huella» de la cirugía en la vida de las personas.